Qué es la nobleza?
Aquí entramos en el terreno de los prejuicios, pues la propaganda Estatalista ha creado una imagen malévola de la nobleza en el subconsciente colectivo a efectos de consolidar su poder.
Un noble no es una marioneta de un Rey francés.
Un noble no es un cortesano que vive en Versalles o Madrid, cuyo único propósito es complacer a un Monarca, de modo que éste le otorgue más títulos y Grandezas. Los cortesanos fueron el producto degenerado de tiempos decadentes. Éstos no son nobles. Son burócratas corruptos, equiparables a los que podemos encontrar hoy en cada Ministerio.
El gran jurista medieval Bartolus de Saxoferrato (1313–1357) sigue los postulados de Aristóteles, quien en su “Tratado de la Política” define al noble como a un individuo libre cuya virtud inspira y lidera, distinguiéndose así de la masa servil y carente de talento. Bartolus aplaude el argumento de Dante Alighieri en su “Convivio” de que la nobleza no se deriva de antiguas riquezas adornadas con finas maneras, sino de la virtud individual. Godofredo de Charny (1300-1356) argumentó que “Dios marcará a aquellos que trabajan valerosamente, aún cuando provengan de orígenes humildes”[1]. De ahí la expresión Renacentista “Virtus vera nobilitas est”.
Entendamos que la nobleza no es otorgada por un Rey. Un Monarca o Papa puede (o no, según le plazca) reconocer públicamente la nobleza de un individuo o familia[2]. Mas como dijo el XI Conde de Lemos al Rey Felipe V, su nobleza procedía de Dios y el Tiempo[3]. Julian Pitt-Rivers indicó que “mientras que el soberano es, en un sentido, ‘fuente de honores’, también es enemigo del honor, pues reclama el arbitrio del mismo”[4]. En la biografía de Sir William Marshal, escrita al poco de su muerte (1219), su autor declara que los monarcas emponzoñan el ideario de la nobleza: “El espíritu de la caballería ha sido hecho prisionero. La vida del caballero errante ha sido reducida a la del litigante en cortes”.[5] Un individuo libre actúa virtuosamente cuando se rebela contra los designios de un soberano indigno o un Estado despótico. Si el monarca fuese la única fuente de nobleza, sólo premiaría a aquellos cortesanos que servilmente trabajasen para avanzar los corruptos planes de su amo. Por Versalles y Madrid han desfilado miles de tales esbirros, adornados con títulos de Conde, Marqués o Duque.
En contraposición la hidalguía, que es la nobleza de sangre[6], no podía ser concedida por el Rey[7]. El Código de las Siete Partidas[8] establece dos medios de acceder a la hidalguía:
- Por saber, es decir el conocimiento y la práctica de Ciencias y Artes Liberales.
- Por bondad de costumbres.
Debemos distinguir los conceptos de nobleza y aristocracia. El primero se circunscribe al ámbito de las virtudes individuales, mientras que el segundo ser refiere a un régimen de gobierno (krátos) mendiante el cual un reducido colectivo de personas auto-calificadas como “mejores” (aristos) impone su voluntad frente a los demás. Si bien vulgarmente ambos términos han sido empleados como sinónimos, en realidad son contradictorios, pues el noble es un individuo libre que aborrece y se rebela contra el régimen autoritario impuesto por la aristocracia. Así lo comprendieron Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, y con ellos los demás nobles hidalgos que se rebelaron contra el Imperialismo de Carlos V de Alemania durante la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522).
¿Qué es entonces la nobleza? Filosóficamente, un noble es una persona que se conoce a sí misma. Nobleza es el resultado de un conocimiento filosófico introspectivo, cuyas consecuencias en el plano existencial se plasman en un modo de vida que el público identifica como sublime modelo para generaciones venideras. Los Griegos y Romanos, Fundadores de nuestra civilización, resumieron esta búsqueda del autoconocimiento con dos máximas: γνῶθι σεαυτόν, y nosce te ipsum.
Este conocimiento interior no es transmisible por el lenguaje común (inefable), y sólo es alcanzable a través de la vía iniciática del autoconocimiento. No existen Universidades del autoconocimiento, ya que cada individuo es diferente. Es un viaje que debe ser emprendido en solitario, pues sólo nosotros tenemos acceso a lo más profundo de nuestra alma.
Hablamos de un conocimiento que imprime carácter. No es posible retornar de este viaje sin sufrir una total transformación vital. El resultado es una persona libre. Libre de miedos, libre de complejos, libre de esclavitud moral o material. Una persona que sólo responde a su conciencia, y cuyas acciones son honorables y consistentes con un ideario magnánimo y magnífico.
El lector estará leyendo estas líneas con una sonrisa en sus labios. A nosotros, los autores, también nos dan risa muchas de las personas que algunos monarcas y Papas han decidido reconocer con un título de nobleza. Estos títulos se han convertido en certificados de vanidad y tontería, en numerosas ocasiones comprados por personas con baja autoestima. Cabe cuestionar la razón por la que un noble, es decir, un individuo supuestamente libre, virtuoso y de principios morales, pagaría por un diploma que lo certifique como vasallo o esclavo de nadie, sea éste Rey, Emperador o Papa.[9]
Le proponemos al lector el siguiente examen de conciencia:
- ¿Es Usted una persona libre e independiente? ¿Está en control de su mente y cuerpo? ¿Comprende sus responsabilidades y acepta las consecuencias de sus actos por voluntad propia?
- ¿Es Usted una persona moral? ¿Es capaz de distinguir entre el bien y el mal? ¿Desea transmitir e inspirar este conjunto de principios, valores y virtudes a sus descendientes?
- ¿Es Usted una persona cívica? ¿Se esfuerza constantemente por convertirse en un ser humano más perfecto? ¿Participa en actividades encaminadas a mejorar su sociedad?
Rogamos al lector que se auto-examine honestamente. Si es capaz de responder afirmativamente y sin reservas a todas y cada una de estas preguntas, estos autores tienen pocas dudas de que Usted es una persona noble. Quizá no ha sido consciente de haber emprendido el viaje del autoconocimiento, pero sus obras manifiestan que este conocimiento vive en Usted. Quizá no tenga un blasón, o un palacio, o una gota de sangre real, pero Usted dispone de aquello que es más preciado para un noble: Honor. Ojalá muchos de los títulos del Reino que se esconden bajo el glamour de algunos marquesados y ducados tuviesen su nobleza.
Un Rey no puede hacer nobles, por el mismo motivo que no puede hacer buenas personas. Sólo Dios y el Tiempo pueden hacerlo. Analicemos qué quiere decir esta máxima del XI Conde de Lemos:
· ¿Por qué Tiempo? Al igual que los individuos, algunas familias se desarrollan hasta adquirir madurez, confianza e identidad propia. Al cabo de este largo proceso, los individuos de familias así bendecidas se sacrifican por descendientes que jamás conocerán, y éstos estudian y honran la memoria de ancestros de Eras pasadas. Aunque Usted no posea una genealogía milenaria, es muy posible que su familia haya transmitido a través de incontables generaciones un legado de valores espirituales. Desde su niñez, estos altos principios morales han sido profundamente inscritos en su mente y alma. Ellos le inhiben de participar en actividades bajas y denigrantes. Ellos le han guiado hasta convertirse en un ser virtuoso y “una piedra más que da soporte al edificio que es la sociedad”. Piense en estos pares: Julio César y Augusto, el Duque de Malborough y Winston Churchill. Cada uno de ellos se enfrentó a una crisis cuya resolución definió su Era. Estas personas podrían haber evadido sus responsabilidades, al igual que hicieron muchos de sus coetáneos. No obstante, un sentido de rectitud moral, transmitido por Siglos en sus familias, les enseñó a dominar sus miedos y enfrentarse a las amenazas que ponían en peligro a sus respectivas sociedades. Al oponerse a la tiranía de su tiempo, estaban respondiendo a la llamada de sus familiares y ancestros. Encontrará ejemplos de gente inspirada por la memoria de sus antepasados en el campo de las Artes (los Mozart), Ciencias (los Bernoulli, los Curie[10]), Política (los Adams), Mecenazgo (los Medici), Ejército (McCain), Negocios (Rothschild)… o en una combinación de éstos (los Alba, Medinaceli, Velasco, Lemos, etc.).
· ¿Por qué Dios? En ocasiones, la historia nos sorprende con seres humanos extraordinarios que, contra toda probabilidad, triunfan frente a cada adversidad hasta convertirse en ejemplos para el conjunto de la humanidad y las generaciones venideras. Hablamos de Abraham Lincoln, el Dr. Martin Luther King Jr., la Madre Teresa de Calcuta, Don Santiago Ramón y Cajal, etc. Sus orígenes no permitían anticipar el éxito que alcanzaron y los beneficios que gratuitamente dispensaron al conjunto de la humanidad. Ningún Rey les concedió un título por ello, pero quien no piense en estos individuos como nobles, debería revisar su definición de este término[11].
[1] “Livre de chevalrie”, en Oeuvres de Froissart, ed. K. de Lettenhove I, pt. iii, 494, 495.
[2] “Yo no soy de los que, el Rey, Señor, trata como Grandes, sino que soy Grande y tan antiguo como no hay en Castilla” (I Conde de Lemos).
[3] “Vuestra majestad es dueño de mandar cubrir en su real presencia a quien le pareciere, pero la grandeza de los Condes de Lemos la han hecho Dios y el tiempo” (XI Conde de Lemos a Felipe V).
[4] "Honour and Social Status", en Peristiany, ed., “Honour and Shame”, Chicago, 1970.
[5] “L'Histoire de Guillaume le Marechal”. Manuscrito del s.XIII preservado en la Pierpont Morgan Library de New York, con número de catálogo M888.
[6] “Llamamos Hidalgos de Sangre a aquellos que no hay memoria de su principio ni se sabe por escritura en qué tiempo comenzó, ni qué Rey hizo la merced, la cual escuridad tiene la república recibida por más honrosa que saber distintamente lo contrario”. Huarte de San Juan, Juan (1575): Examen de ingenios para las ciencias. Editado por Guillermo Serés en 1989. Ed. Cátedra, Madrid. ISBN 9788437608723. También citado en Sánchez Cantón, Francisco Javier, ed (1948): Floreto de anécdotas y noticias diversas que recopiló un fraile dominico residente en Sevilla a mediados del Siglo XVI. Memorial Histórico Español. Real Academia de la Historia. Ed. Maestre, Madrid. p. 355. OCLC 5723566.
[7] Como afirmó Mosem Diego de Valera en el Siglo XV: “El Rey puede fazer cavalleros mas non fidalgos”. El monarca puede dar el oficio de caballero, pero no la nobleza de sangre.
[8] Partida Segunda, Ley XII, Título XXI.
[9] El romance tradicional castellano de La Jura de Santa Gadea, histórico o no, ilustra la actitud desafiante que la sociedad espera de un noble (en este caso, representado en la figura arquetípica de El Cid), hacia un Rey o gobernante que él considera indigno.
“20 --Muy mal me conjuras, Cid, Cid, muy mal me has conjurado;
mas hoy me tomas la jura, mañana me besarás la mano.--
22 --Por besar mano de rey no me tengo por honrado;
porque la besó mi padre me tengo por afrentado.
24 --Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado,
y no vengas más a ellas dende este día en un año.--
26 --Pláceme--, dijo el buen Cid, --pláceme--, dijo, --de grado,
por ser la primera cosa, que mandas en tu reinado.
28 Tú me destierras por uno, yo me destierro por cuatro.”
[10] La familia Curie ha sido galardonada con 5 premios Nobel. En contraste, España sólo ha obtenido 6 Premios Nobel, 5 de ellos en Letras (no podemos contar a Severo Ochoa, pues ganó el Premio Nobel de Medicina en 1959 para Estados Unidos). Con esto queremos ilustrar el hecho de que una única familia (los Curie) puede tener tanto impacto como todo un país (España) en un área tan fundamental como es el conocimiento y progreso científico.
[11] Séneca escribió en su Epístola XLI: “Es ilusorio rogar a Dios por autoconocimiento cuando puedes alcanzarlo por tus propios medios […] Dios está cerca de ti, está contigo, está dentro de ti. Sí, Lucilius, reside dentro de nosotros un espíritu divino, que nos observa cuando obramos mal y cuando hacemos el bien. Tal como le tratamos, así nos trata Él. Nadie, de hecho, es bueno sin Dios […] Él es quien nos empuja a cometidos nobles y elevados. En toda y cada buena persona habita Dios”.
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